Adolescencia: ¿Hasta qué punto llega la tecnología?

Recientemente se ha estrenado una mini-serie en Netflix, titulada "Adolescencia". Esta trata de un adolescente de Reino Unido, acusado por agredir y acabar con la vida de una compañera de la escuela. Sin embargo, conforme los capítulos avanzan, la trama desvela cómo el detonante fueron tanto el alumnado del centro escolar como las redes sociales. Lo que me lleva a cuestionarme, ¿cuál es el límite de la tecnología? ¿Estamos preparados como sociedad para detectar e intervenir en los conflictos que surgen online


Yo creo que no. El paso del tiempo es una realidad, y los cambios que se producen con él son cada día más grandes. La jerga, la forma de relacionarse y los sub-sistemas que se crean virtualmente dificultan notablemente la detección y la intervención de los agentes educativos (familias, profesorado, amistades, etc.), creándose así una bola de nieve que, cuanto más tarde en pararse, más grande se hace. Es un tema común, pero considero que hay que hablar sobre la aparición de la tecnología y la digitalización masiva que ha sufrido el mundo; más aún, teniendo en cuenta que el suicidio es la causa más común de muerte no accidental entre la población joven de España (4000 personas lo cometieron en el año 2023). 

Esto se debe a la masificación y a la falta de sensibilidad entre las personas jóvenes. Han crecido (y siguen creciendo) teniendo al alcance de su dispositivo electrónico temas que no deberían conocer: pornografía, imágenes explícitas de violencia, discursos que pisotean los derechos humanos de la gente y que fomentan la discriminación o el acoso. Todo esto ha provocado entre la comunidad adolescente un cambio de personalidad que, por desgracia, fomenta la aparición de este tipo de tragedias. 

El punto al que quiero llegar es: ¿por qué no se ha tratado de reducir este número? La respuesta, para mí, es clara. No se puede. Es imposible estar controlando las 24 horas del día a una persona que tiene acceso a infinidad de páginas y servidores. Y esto se vuelve más incontrolable cuando el sistema educativo, pese a que esté avanzando hacia una digitalización completa, se encuentra en un punto medio en el que no se abordan este tipo de cosas más oscuras de la tecnología, ya sea por miedo, por falta de formación, o por respetar un tema tabú que puede conducir a acontecimientos que, de haberse tratado con claridad, no sucederían (u ocurrirían con mucha menos frecuencia).


Lo que no es imposible es empezar a abordar la depresión, el acoso y la digitalización como temas independientes entre ellos, pero asumir que, de una forma u otra, guardan una estrecha relación. Talleres para un buen uso de la tecnología, servicio de psicología en los institutos, un programa curricular que favorezca la mejora de la autoestima e incluya el ámbito emocional en él... Son implementaciones que yo creo que ayudarían a engancharse a la nueva corriente social, y posibilitarían la intervención ante problemáticas que ocurran en la red; ya sea por la detección del personal docente, o por la libertad que sienta el estudiantado por denunciar aquello que le está ocurriendo.

Hay que apostar por una pedagogía honesta, capaz de reinventarse y adaptarse a los tiempos actuales. Es obvio que nunca llueve a gusto de todos, pero el enfoque conservador que está llevándose a cabo con ciertos temas hace un flaco favor a la sociedad, que ve cómo el mundo avanza, pero su educación no. Coincido en que hay tópicos que deberían tratarse con cautela, pero esconderlos y hacer como si no existieran no es, en mi opinión, la mejor solución. 

Como esta entrada ha seguido una temática distinta, apoyándome en una serie, me gustaría apoyarme en otra para realizar mi conclusión. "Por trece razones" nos muestra cómo, si hubiese habido alguien dispuesto a ayudar a una persona que pedía ayuda a gritos, habría evitado una desgracia. ¿Por qué no aplicarlo a la vida real y mostrarse como seres humanos, en lugar de como maestro/a y alumno/a, conociendo y aceptando las virtudes y defectos de cada uno/a, ofreciéndose como persona en la que confiar, en lugar de únicamente como persona que le enseña y le califica? Creo firmemente que hay que replantearse dar una vuelta al sistema educativo, y a la figura del profesor/a. Porque todos/as somos humanos/as, y nadie debería sentirse solo/a en un lugar en el que pasa un tercio del día.  




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