Apagón general: ¿Cómo ha impactado en la sociedad?

Lunes, 28 de abril de 2025. Alrededor del mediodía se ha presenciado un apagón que, inicialmente, se presuponía únicamente en la universidad; sin embargo, pocos minutos hemos tardado en comprobar las provincias y las comunidades autónomas a las que ha afectado (incluso, países). Lo que me ha llamado la atención ha sido la preocupación de las personas: la conexión a internet. 

Comprendo que es un evento que nadie se esperaba, y que todo lo que viene de imprevisto magnifica las emociones, tendiendo así a exagerar la situación. Pero, de todos los problemas que podían haber acontecido y la infinidad de aspectos que podían haber ido mal, ¿por qué la gente se preocupa por sus datos móviles o por la conexión WiFi? Cada vez tengo más la sensación de que no estamos preparados/as como sociedad para la desconexión. La forma de comunicarse ha cambiado tanto y se ha convertido en algo tan impersonal, que no nos da miedo perder la oportunidad de ver a nuestros seres queridos, sino que nos aterra la idea de estar desconectados/as. Ahora bien, este pensamiento banal se mantiene por la circunstancia de privilegio que hemos tenido en el momento clave. Libres, con opción de trasladarnos a nuestra ciudad de origen y sin ninguna preocupación más que la mencionada anteriormente, la conexión a internet.

Yo, en frío, solo puedo pensar en toda esa gente que se ha visto en una situación repleta de incertidumbre. Gente atrapada en ascensores, en funiculares o en el metro. ¿Acaso esas personas estaban preocupadas por una conexión a un mundo virtual? ¿O estaban pensando en cómo llegarían a casa, en sus seres queridos y en su bienestar? Cada persona es un mundo, eso está claro, pero faltan cantidades industriales de empatía y perspectiva; está bien anteponerse a uno mismo, pero la línea que separa el amor propio del narcisismo es muy fina, y es muy fácil sobrepasarla en situaciones como esta, que consideramos límite... Pero está lejos de serlo, en realidad. 


Sinceramente, creo que vivimos demasiado rápido y que no sabemos disfrutar de la vida al natural. ¿Cuántas veces nos hemos perdido un paisaje, una puesta de sol... Por ir pegados a un móvil? Se nos olvida que la esencia de la vida no está detrás de una pantalla, sino justo delante de nuestras narices: el horizonte puede ser inmenso, a la par que precioso, y deberíamos despertar. El tiempo pasa con una rapidez pasmosa, y el ser humano tiende a arrepentirse de aquello que no ha hecho, por x o por y, ¿y qué pensaremos cuando pase el tiempo y no podamos ver todo lo que tenemos a nuestro alcance? Probablemente sea ahí cuando valoremos lo que nos hemos perdido, y será demasiado tarde para tenerlo.

Y vosotros/as... ¿Creéis que las pantallas nos limitan, además de quitarnos esa esencia humana que deberíamos llevar por bandera, o creéis que es parte natural del desarrollo de la sociedad? 

¡Os leo!

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