¿Cómo afecta la tecnología a los y las adolescentes?
Después de numerosas entradas en las que he tratado de analizar la tecnología y, sobre todo, su impacto en la sociedad, puedo afirmar que los de la población que más han sufrido la digitalización han sido: las personas menores de edad, y las personas de la tercera edad. Sin embargo, considero más significativa la realidad en la que le va a tocar crecer al primer colectivo.
Se está educando con una tendencia clara: la tecnología como remedio para todo. ¿Un bebé llora? Se le pone una tablet con dibujos para que deje de hacerlo. ¿Un niño o niña se aburre? Móvil con juegos y vídeos. Son estos actos los que devalúan tanto el poder de la informática. En mi anterior entrada "Redes sociales: ¿Evolución o Involución?" mencioné al final que las redes sociales eran un arma de doble filo, y esto se puede llevar a un nivel mayor, ya que la propia tecnología puede tener innumerables beneficios si se le da un uso correcto. Sin embargo, si no se utiliza como se debería, puede repercutir negativamente al desarrollo y a aspectos esenciales de las personas, tales como la comunicación o las relaciones interpersonales.
Un gabinete de psicólogos (Aesthesis: Terapia Psicológica) informa también de los beneficios de las TICS, pero hace especial hincapié en los riesgos para la salud de las personas usuarias, especialmente adolescentes. La interferencia con otras actividades, como puede ser el estudio, el ocio o el deporte es uno de los mayores riesgos a los que la tecnología expone a las personas jóvenes, aunque es lo más nimio que se encuentra en la lista. Adicción a las nuevas tecnologías, favorecer el sedentarismo, el aislamiento y la dificultad para conciliar el sueño son otras de las potenciales consecuencias negativas, así como la apertura de nuevas vías para el acoso y el uso indebido de datos personales.
No obstante, me gustaría añadir una desventaja clave para el correcto desarrollo del alumnado como personas autónomas al completo: la tecnología reduce drásticamente la capacidad de atención y, por ende, la comprensión lectora y la capacidad de escribir. Es tan común que mientras se estudia se tengan pantallas abiertas, que es totalmente normal que el alumno o la alumna no sean capaces de poner el foco en sus estudios; a mí mismo me está costando horrores escribir esta entrada sin distraerme en ningún momento. La diferencia reside en que yo soy consciente de esto, y puedo corregirlo, pero... ¿Una persona de 15, 16 o 17 años es capaz de detectar el error y remediarlo? Me cuesta creerlo. La gente ya no lee, prefiere tener píldoras de contenido, y tampoco escribe, ya que prefiere tener una inteligencia artificial que le ahorre una hora de trabajo.
Como futuro pedagogo, me gustaba pensar que, una vez ejerciese como profesional, iba a poder cambiar esto, mas cada vez soy más escéptico; y no es malo, sino todo lo contrario. Soy consciente de que una sola persona no puede cambiar el sistema, pero sí puede usar sus propias experiencias para orientar a las nuevas generaciones y, de una forma u otra, poner remedio a la tendencia negativa. Vale, quizá no pueda garantizar que la gente lea o escriba, pero sí que se puede crear conciencia, hacer ver que invertir tiempo en leer o escribir es beneficioso para ellos y ellas.
Y vosotros y vosotras, ¿qué pensáis sobre esto? ¿Hay alguna forma de encontrar el equilibrio, o es inevitable que la balanza acabe cediendo hacia uno de los lados?
¡Muchas gracias por leerme!



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