Lo esencial es invisible a los ojos... y a la tecnología.
Fin del cuatrimestre. Fin, por ende, de las lecturas que he tenido que realizar. Primero fue Inteligencia Emocional, después siguió Inteligencia Social y, como cierre... El Principito. Soy plenamente consciente de que este título no tiene una relación directa con las TIC ni con las emociones, pero creo que es un libro que todo el mundo debería leer dos veces en la vida: una cuando sea niño o niña, y otra en la adultez, ya que la forma de entenderlo cambia con el paso de los años, y esa es la gracia. La forma en la que está redactado, el mensaje que quiere transmitir y los toques de realidad camuflados con fantasía hacen que no envejezca mal, independientemente del tiempo que haya pasado.
La historia la protagoniza Piloto, un hombre que de niño soñaba con ser pintor, pero las personas mayores no comprendían sus dibujos y, buscando un futuro estable, acaba dedicándose al pilotaje. Un día acaba aterrizando de emergencia en el desierto del Sáhara, y comienza a dibujar hasta que conoce al Principito. A partir de ahí, el niño le cuenta cómo viajó de planeta en planeta, encontrándose en cada cual un hombre más extraño que en el anterior... Hasta que llegó a la Tierra. Allí, el Principito descubre un jardín lleno de rosas idénticas a una que él poseía en su planeta, aunque algo era diferente; después, se topa con un zorro que le pide que lo domestique, a pesar de que requiera mucha paciencia, ya que así el trigo le resultará especial porque le recuerda a su pelo y podrá experimentar la verdadera felicidad. El Principito acaba cediendo, y domestica a aquel zorro tras varios días acudiendo al mismo lugar a la misma hora (los ritos son muy importantes). Antes de partir de vuelta a su planeta, el zorro, apenado, le cuenta un secreto: "solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos".
Se necesita tiempo para conocerse a uno mismo, para conocer al resto y para darse cuenta de lo que cada uno tiene. Durante todas mis entradas he dejado caer que vivimos más rápido de lo que deberíamos, que no tenemos tolerancia para esperar. Queremos todo al instante, y las TIC tienen gran parte de culpa. ¿Cómo vamos a valorar una relación duradera, si en internet nos llenamos de mensajes alentando a lo espontáneo y efímero? Ya no se busca cuidar a alguien, crear un vínculo especial con todo lo bueno y lo malo que conlleva, sino que preferimos anestesiar nuestras emociones con banalidad, sin mostrarnos como somos ni permitiendo a los demás que lo hagan.
Necesitamos desintoxicarnos de todo lo negativo que nos ha traído internet, sus mensajes en contra de la intensidad, porque efectivamente, internet es como el cordero de Principito, que se come todo lo que se encuentra, a pesar de que sea algo puro. Tenemos tanto apego por la tecnología y estamos tan concentrados en cumplir con los cánones establecidos que estamos dejando pasar lo que realmente da sentido a la vida. El tiempo vuela, y solo cuando veamos de lejos lo que hemos dejado escapar nos daremos cuenta del error cometido. Lo esencial es invisible a los ojos, e independiente de la tecnología.
Con esto, me despido.
Muchas gracias por haber seguido mi blog, ha sido un verdadero placer.
Eneko.



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